La micromovilidad eléctrica en España ya no depende solo de operadores de sharing o de plataformas que ponen vehículos en la calle. Detrás del crecimiento del sector hay algo más importante: fabricantes capaces de diseñar, homologar y producir vehículos ligeros adaptados a las nuevas necesidades urbanas, según el informe de MOVILIDAD 360.
Hablamos de bicicletas eléctricas, motos eléctricas, triciclos, cargo bikes, vehículos de reparto, VMP profesionales y soluciones para servicios urbanos. Un ecosistema todavía joven, pero cada vez más relevante para ciudades que necesitan reducir tráfico, emisiones y ruido.

España, un mercado con capacidad industrial
Durante años, buena parte de la micromovilidad se ha asociado a vehículos importados. Sin embargo, España cuenta con empresas que están desarrollando producto propio y que compiten en segmentos de mayor valor añadido: reparto de última milla, movilidad profesional, flotas urbanas, servicios municipales y transporte ligero.
La diferencia está en pasar de vender “vehículos eléctricos” a resolver problemas reales de ciudad: cómo repartir más rápido, cómo entrar en zonas peatonales, cómo reducir esfuerzo físico, cómo transportar carga y cómo cumplir una normativa cada vez más exigente.
MOOEVO
MOOEVO es uno de los fabricantes españoles más singulares dentro de la micromovilidad eléctrica profesional. La compañía desarrolla soluciones para transporte de personas y mercancías, con especial foco en última milla, servicios urbanos, cargobikes, carritos asistidos y vehículos adaptados a operaciones reales.
Su propuesta se aleja del patinete genérico y se centra en vehículos pensados para trabajar: reparto en centros urbanos, acceso a zonas peatonales, operaciones con carga, microhubs y servicios donde una furgoneta resulta cada vez menos eficiente.
MOOEVO destaca además por diseñar y fabricar en España, algo especialmente relevante en un sector donde la homologación, la adaptación al cliente y la fiabilidad operativa son claves.

Scoobic
Scoobic es otro nombre importante dentro de la fabricación española de vehículos eléctricos ligeros para última milla. Fundada en Sevilla, la compañía desarrolla vehículos eléctricos de tres y cuatro ruedas orientados al reparto urbano.
Su enfoque está claramente ligado a la logística: sustituir furgonetas en trayectos urbanos, reducir emisiones y facilitar entregas en zonas congestionadas. Sus vehículos combinan capacidad de carga, formato compacto y uso profesional.
Scoobic representa bien una tendencia creciente: la micromovilidad no solo sirve para mover personas, sino también mercancías.
Silence
Silence, integrada en el ecosistema de ACCIONA, es una de las marcas españolas más relevantes en motos eléctricas y vehículos urbanos ligeros. Sus scooters eléctricos y soluciones con batería extraíble han tenido un papel destacado en el desarrollo del motosharing y de la movilidad eléctrica particular.
La marca también ha entrado en formatos urbanos compactos, como nanocoches y versiones orientadas a carga ligera. Su importancia está en haber conectado fabricación, producto eléctrico urbano y despliegue real en flotas.
Orbea
Orbea es una de las grandes marcas españolas de bicicleta y cuenta con una presencia sólida en el mercado de bicicletas eléctricas. Aunque su origen está ligado al ciclismo deportivo, sus gamas e-bike tienen aplicación directa en movilidad urbana, desplazamientos diarios y trayectos metropolitanos.
La bicicleta eléctrica es una de las formas más eficientes de micromovilidad: ocupa poco espacio, consume muy poca energía y permite recorrer distancias mayores que una bicicleta convencional sin exigir el mismo esfuerzo físico.
BH Bikes
BH es otra marca histórica española que ha evolucionado hacia la bicicleta eléctrica. Su catálogo incluye modelos urbanos, trekking, montaña y bicicletas pensadas para desplazamientos cotidianos.
En el contexto de la micromovilidad, fabricantes como BH son importantes porque ayudan a normalizar la e-bike como alternativa real al coche en trayectos de corta y media distancia.
Rieju y otros fabricantes de motos eléctricas ligeras
España también cuenta con fabricantes tradicionales de motocicletas que han ido incorporando versiones eléctricas o vehículos ligeros de cero emisiones. Marcas como Rieju forman parte de ese tejido industrial que puede tener un papel relevante en la transición hacia motos urbanas más limpias.
Aunque muchas veces se sitúan en una categoría superior al VMP, las motos eléctricas ligeras comparten objetivo con la micromovilidad: reducir emisiones, ocupar menos espacio y ofrecer alternativas ágiles al coche privado.
Fabricantes frente a operadores
Conviene distinguir entre fabricantes y operadores. Empresas como Cooltra, Bolt, Lime, Dott o ACCIONA Movilidad son conocidas por prestar servicios de movilidad compartida. Pero los fabricantes cumplen otra función: diseñan el vehículo, definen la ingeniería, resuelven la homologación, ajustan materiales y adaptan el producto a usos concretos.
Esa diferencia será cada vez más importante. A medida que el sector madura, las empresas y administraciones no buscarán solo vehículos baratos, sino soluciones fiables, reparables, seguras y adaptadas a su operativa.
La micromovilidad profesional gana peso
El mayor crecimiento no vendrá únicamente del usuario particular que compra una bicicleta o un patinete. Vendrá también de empresas de reparto, operadores logísticos, ayuntamientos, servicios de limpieza, mantenimiento urbano, campus, hospitales, aeropuertos y grandes recintos.
En todos esos casos, la pregunta ya no es “qué vehículo eléctrico compro”, sino “qué sistema necesito para mover personas, herramientas o mercancías de forma eficiente”.
Ahí los fabricantes españoles tienen una oportunidad clara: diseñar soluciones específicas, cercanas al cliente y adaptadas a la normativa europea.
Conclusión
España cuenta con fabricantes de micromovilidad eléctrica con perfiles muy distintos: desde bicicletas eléctricas hasta vehículos de reparto, motos urbanas y soluciones profesionales para carga.
MOOEVO, Scoobic, Silence, Orbea, BH o Rieju muestran que el país tiene capacidad para desarrollar producto propio en un sector estratégico. La próxima fase dependerá de la innovación, la homologación, la fabricación local y la capacidad de resolver problemas reales en ciudades cada vez más restringidas al vehículo tradicional.
La micromovilidad eléctrica no será solo una alternativa de transporte. Será una nueva capa industrial, logística y urbana.